Aunque en ocasiones el arte del siglo V se considera como el arte del primer periodo bizantino, es más exacto encuadrarlo en el seno de la antigüedad tardía. En este periodo se desarrolló la transición entre la tradición clásica del arte paleocristiano y el verdadero estilo bizantino, iniciado poco después del año 500, cuando los retratos de los cónsules asumieron el carácter hierático de los iconos religiosos.
La edad de oro de este primer periodo bizantino coincide con el reinado del emperador Justiniano (527 al 565), constructor prolífico y mecenas de las artes. En el primer periodo bizantino se pueden distinguir dos tipos de iglesias: la basílica, compuesta por tres naves longitudinales de distinta altura y cubierta con una techumbre de madera a dos aguas, y la iglesia de planta centralizada organizada en torno a un espacio cubierto por una cúpula de material pétreo. El segundo modelo predominó hasta el final del Imperio bizantino. El ejemplo culminante de la tipología centralizada es la iglesia de Santa Sofía en Constantinopla, concluida el año 537 según el proyecto de Isidoro de Mileto y Antemio de Tralles. El exterior, de aspecto austero debido a la ausencia de decoración, se configura de acuerdo a una jerarquía piramidal, pero el mayor interés artístico, como en todas las iglesias bizantinas, se concentra en el espacio interior. La inmensa cúpula central, que se eleva 56 metros sobre el suelo, parece flotar sobre un anillo de luz que penetra por los vanos que circundan su base. Para facilitar el tránsito hacia la planta cuadrada se dispusieron cuatro triángulos esféricos, llamados pechinas, que discurren entre el borde de la cúpula y los machones de cuatro enormes arcos que la sustentan. La iglesia mantiene un sutil eje longitudinal, conformado por dos semicúpulas que flanquean a la cúpula central y por las galerías laterales, que enmascaran los enormes contrafuertes que sustentan el peso de la estructura. De este modo se consiguió un espacio de apariencia mágica, dispersado en los bordes mediante exedras, nichos y arquerías y dominado por la cualidad material de la luz. Este efecto se reforzó con la decoración de mosaicos deslumbrantes y revestimientos de mármol.

El periodo iconoclástico
Aunque el arte religioso estaba estrechamente ligado a la Iglesia de Oriente, ciertas partes en su seno se opusieron a cualquier representación de escenas o personajes sagrados. Esta postura llevó al comienzo de la iconoclasia en el año 726, cuando el emperador León III ordenó la destrucción por todo el imperio no sólo de los iconos, sino de todas las representaciones religiosas donde apareciera la figura humana. Únicamente el territorio bizantino de Italia se resistió a esta nueva norma. Sin embargo, las artes decorativas prosperaron durante el periodo iconoclasta. Algunas ideas de su carácter se plasmaron en el trabajo de los mosaiquistas, como la decoración a base de volutas de acanto de la cúpula de la Roca en Jerusalén (685-705), los encantadores paisajes de árboles de la Gran Mezquita de Damasco (706-715) o los motivos geométricos del mihrab de la mezquita de Córdoba. Los ejemplos más antiguos de tejidos de seda bizantinos, algunos con motivos inspirados en los diseños de la antigua Persia, están fechados en el periodo iconoclasta. En las iglesias de Occidente se usaron estos tejidos, importados de oriente, como cortinas del sagrario y sudarios de santos y gobernantes.

El periodo bizantino medio: el renacimiento macedónico La prohibición de llevar a cabo representaciones figurativas fue cancelada finalmente el año 843, con la llegada de la nueva dinastía macedonia (867-1056), que inauguró una segunda edad de oro del arte bizantino conocida como el periodo bizantino medio. Durante este periodo del renacimiento macedónico el arte experimentó un resurgimiento de las tradiciones clásicas. Este hecho puede comprobarse en los pocos manuscritos miniados que se han conservado de los siglos IX y X. Las miniaturas a página entera están basadas en el estilo helenístico del arte griego (véase Arte y arquitectura de Grecia) desarrollado durante el periodo tardío. El periodo bizantino medio fue un momento de consolidación arquitectónica, en contraste con los experimentos llevados a cabo en la época de Justiniano.

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